Roma, al igual que Esparta, utilizó las actividades físicas con fines
militaristas.
Su objetivo principal era producir buenos soldados, formar mejores
legiones y conquistar
grandes territorios.
Las tres instalaciones por excelencia fueron: las termas, el circo y el
anfiteatro
En lugar de los gimnasios de Grecia, en Roma, se construyeron termas,
que
hicieron famosos a algunos emperadores. Estas al igual que el gimnasio
y la palestra
en Grecia constituyeron el centro de la vida cultural romana.
Los romanos copiaron de los griegos la idea de la educación física, y
tuvieron
como ellos, sus gimnasios, sus pelotas y sus juegos públicos, en los
cuales celebraban
pruebas parecidas o equivalentes. Los romanos, sin embargo, carecían de
la sensibilidad
y de la intención idealista y estética de los griegos, por lo que
desvirtuaron el sentido
de los juegos que llegaron a convertirse en un espectáculo poco
edificante para el
ser humano.
En el helenismo y la época romana aparecen rasgos seculares en el
deporte
unidos a un contenido religioso. Así se refleja especialmente en las
luchas de gladiadores
(cf. el artículo Gladiatote, en la Enciclopedia del l’Arte Antica
classica e Orientale,
1960, Vol VI), cuyos actores fueron convertidos en héroes por la plebe
de entonces.
Por la estrecha conexión de los juegos con la triunfal idea imperial,
la arena
deportiva se convirtió en arma política, teniendo en cuenta que la
política adquirió
caracteres religiosos por su relación con la sacralización al emperador
y al Imperio Por último, en el año 394, el Consejo Cristiano del Imperio negó
la autorización
para la celebración de los juegos, y estos fueron suspendidos al
coronarse emperador
Teodosio el Grande, quien mandó arrasar el circo de Nerón y acabó por
abolir
totalmente los juegos olímpicos, todo lo cual, unido a la negativa de
la iglesia hacia
lo que significaba culto al cuerpo, trajo como consecuencia la casi
total paralización
de la educación física durante la Edad Media.
Ø
EDAD
MEDIA
«Luchadores». Capitel
románico del siglo XII. (Abadía de Santo Domingo de Silos, Burgos.)
La Edad Media atenuó la importancia que se daba al desarrollo físico
del hombre
para glorificar el desarrollo espiritual, que diferencia al hombre del
animal.
Al desaparecer los deportes atléticos, primero por el advenimiento del
Cristianismo
y más adelante por las invasiones de los bárbaros y la caída del
Imperio Romano,
durante la Edad Media se retornó nuevamente a las formas primitivas del
deporte,
como entrenamiento para la guerra y la caza, practicadas principalmente
por la nobleza
y quedando entre el pueblo, como recuerdo de los deportes atléticos, el
lanzamiento
de martillo, y algunos juegos de pelota, así como un deporte comparable
a lo que
hoy es el lanzamiento del peso, y que pudiera ser el antecesor del
tradicional
lanzamiento de barra, practicado con variantes en diferentes regiones
españolas.
Es verdad que el cuerpo y los sentidos son considerados peligrosos para
la
pureza espiritual, pero se permiten ciertos ejercicios físicos en
cuanto sirvan a fines
éticos, o se les consideren provechosos para la psicología o la higiene
sociales.
Como curioso vestigio de los deportes atléticos populares en España,
existen en
la Abadía de Santo Domingo de Silos (Burgos) capiteles románicos de
mediados del
siglo XII donde aparecen un lanzador de peso en actitud clásica y unos
luchadores
Ø
RENA
CIMIENTO
La época brillante del Renacimiento comienza en Italia en el siglo XVI.
Se
caracterizó por un gran sentido de admiración por la cultura griega, y
un renovado
interés por practicar la educación física, que tanta importancia había
adquirido en la
Antigüedad.
Aun comprendiendo esta situación, es innegable que de todos los
períodos
histórico-evolutivos, el Renacimiento es uno de los que ha marcado, en
relación a
La influencia del Renacimiento sobre los ejercicios físicos fue
considerable, encendiendo un nuevo sentir y una nueva filosofía con respecto al
cuerpo y sus cuidados.
En este sentido Julio J. Rodríguez (1942) dice refiriéndose a las
Universidades del
medioevo y más tarde del Renacimiento:
«Las magníficas escuelas del renacimiento hicieron de la educación
física, una
parte importante de la educación e incluyeron en los programas de
actividades los
ejercicios de equitación, carreras pedestres, saltos, esgrima, diversos
juegos con pelotas,
etc., que eran practicados todos los días por los alumnos, al aire
libre y sin limitación
de tiempo».
Los reformadores, al dar consejos pedagógicos, se manifiestan positivamente
sobre el ejercicio físico, aunque el valor concedido a lo corporal
sigue referido a sus
efectos espirituales. Así durante los siglos XVI y XVII comienzan a
aparecer una serie
de obras destinadas a llevar al ánimo de los educadores la conveniencia
y la utilidad
de la educación física en la formación de la juventud. Entre éstos
merece destacarse
a Rabelais como uno de los primeros en volver a dar al cuerpo su
importancia. Le
siguieron otros como Rousseau, Montaigne, Lache y Spencer. Hablaron de la
educación
física en términos de juegos naturales o de actividades diversas, para
permitir un
mejor desarrollo intelectual del niño, Jean Jacques Rousseau, en 1792,
en L’Emile,
que fue uno de los primeros tratados sobre la educación, muestra la
corriente del
pensamiento de la época, y se asimila a un profeta cuando habla de
temas que son
aun debatidos en nuestros días


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